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  • Categoría: Novela Romántica y de Auto Ayuda
  • 1° Edición: 2001
  • Impreso por  Llorens S.L
  • Escritora: Florence Nahon
  • I.S.B.N.: 84-931944-1-7
  • Depósito Legal: V-831-2001
  • Idioma: Español
  • Formato: Descargar (Pdf) / Papel 236 páginas

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la cubierta y contracubierta, puede ser reproducida o utilizada en manera alguna, por ningún medio sin previo consentimiento por escrito de la autora.

Esta novela se presenta bajo el emblema de un Feminismo intrínseco y trata de la historia, del enfrentamiento de una mujer con su propia soledad interior y su destino… Esta asombrosa aventura comienza en la esquina de la calle, dónde vivía Morgana. Después de una larga y oscura vida, terriblemente cotidiana, algo increíble va a suceder… Algo en que la realidad más anodina y vulgar y la fantasía más inverosímil se dan la mano… Un viaje al Más Allá, hacia la conquista de la inmortalidad… Portadora de un sagrado poder de desdoblamiento de la personalidad que el lector percibe invisiblemente entre las líneas y que se manifiesta cuando interpreta en el teatro el papel de Afrodita, Morgana entra en relación absoluta con la Diosa de la belleza y del amor, desarrollando extrañas manifestaciones que la diosa transmutará en ella e iniciando nuevamente su vida con una  tendencia, una dirección hasta entonces desconocida para ella: el conocimiento de su sexualidad y el descubrimiento de la fe. La moraleja de esta obra por tanto, es que el verdadero secreto de la felicidad vive en cada uno de nosotros y que de nada sirve buscarlo dónde no se encuentra… El mayor interés de esta obra, fuera del contexto novelístico, claro está, se centra en la reflexión filosófica de la conducta humana. Trata de la permanencia en el subconsciente de los impulsos instintivos reprimidos por la conciencia así como de otros temas de por sí, bastante metafísicos y oscuros de entender, pero no por ello menos interesantes, como la Astrología, la Mitología de las antiguas civilizaciones Griegas y Romanas, el Amor, la Fe etc. Veremos como la obra se convierte en el medio de anudar una amistad sincera entre los hombres, conduciéndoles a la espiritualidad y al humanismo. Para resumir, a través de la fantasía y de un envoltorio atrayente, el misterioso mundo de Morgana o el mundo secreto de los sueños, iremos presentando al lector diferentes doctrinas que hacen el gran atractivo de esta obra en el que gracias a Afrodita, Morgana devuelve a la mujer virtudes que históricamente, la mayoría de las culturas le habían negado: la fuerza moral, el intelecto, el conocimiento y la autonomía sexual. Aunque esta obra entre dentro de la línea de la Narrativa, podría definirse mejor como novela histórica y al mismo tiempo de auto ayuda y crecimiento personal, debido a la multitud de conceptos que abarca…

Amigo lector: aquí tienes un avance del capítulo VIII de la novela.

En el juego del amor, como en el juego de la verdad, hay que desnudarse físicamente para llegar a la desnudez del espíritu. Y para ganar la batalla de la vida, hay que salir de las trincheras, luchar en campo abierto sin máscaras o antifaces. De nada sirve que el soldado cubra su cuerpo con una defensa hecha de tierra, los taludes que construirá por ambos lados podrían llegar a ser su sepultura… De nada sirve ocultarse en un hoyo, callar intencionadamente lo que ha de salir a la luz pública, avergonzarse de lo que representa la alegría y la generosidad de la vida, promulgar una ley que prohíba el sentimentalismo, luchar contra el dulce amor…

Morgana no sería otra Polichinela con antifaz, ni por extensión a este personaje, se convertiría en el títere de cualquier teatro de marionetas, incluso del mismo gran teatro de la vida. Esta vez, estaba decidida a huir definitivamente del guiñolesco teatrillo del que se había rodeado últimamente, huir del cinismo al que pertenecía e intentar recuperar velozmente, el tiempo perdido, sin contener el delirio que la naturaleza con la llegada de la primavera, se había preocupado por despertar en ella de manera despropositada… Había llegado el tiempo en que su libido, como forma de aspiración al placer y a todas las emociones sentimentales, estaba en su mayor vigor y hermosura. ¡Había vuelto la época del amor!

No tardó Morgana en volver a casa. Sabía que de nada servirían las palabras, su perdón estaba asegurado con anticipación… Había descubierto que el amor, con todas sus consecuencias, era el sentimiento más virtuoso, más sagrado que pudiera existir, no sólo en la doctrina cristiana, sino en el amor físico, que por alguna relación con lo divino, es sagrado y venerable ya que su saludable eficacia para conservar o restablecer la salud corporal, devolviéndole vigor y valor, es también digna de veneración y respeto…

Como era de prever, él la recibió solemne como siempre y sin preguntas ni acusaciones innecesarias, la abrazó fraternalmente. Su regreso no merecía un trato especial… Morgana no quería seguir sosteniendo entre ellos una relación afectuosa, sino iniciar o mejor dicho reemprender los primeros conocimientos amorosos en los que la pasión buscaba y regalaba el bien verdadero del ánimo y particularmente, el goce de los placeres carnales.

Entonces el hielo comenzó a derretirse entre ellos dos… ¿Cómo no iba a perder la serenidad frente a aquella vibrante escultura femenina, aquella joven aprendiz de estatua? ¡La estatua de Afrodita! ¿Cómo resistirse a este imán que le atraía violentamente hacia ella? Sintiendo ambos aumentar su impaciencia y su enardecimiento, se desbloquearon automáticamente y su presión sanguínea, adquirió de nuevo una condición normal hasta disparar la temperatura de sus cuerpos a un nivel casi crítico.

No sólo se habían descongelado, como se deshace el hielo al contacto del calor, sino que este calor, esta manifestación de energía que nuevamente experimentaban, la transmitían a su alrededor, como una radiación, aumentando extraordinariamente, específicamente, el funcionamiento fisiológico, morboso, vital de sus órganos, convirtiéndolos en materia encendida, en brasa viva, llama, fuego… Ella suplicó:

_ ¡Ven…! He intentado huir de ti, pero me ha sido imposible, he descubierto que era de mí, de quién huía. No abandonaré el teatro, ante todo estáis tú y él. Te quiero…

_ ¡Y yo te amo profundamente y para la eternidad!

Todo lo ocurrido iba a quedar en el olvido, excepto la lección de vida de la que fue objeto en la iglesia y la lección de amor de este instante. Iba a demostrarle la vacuidad de todo lo artificioso, desmoronar la estética, ciencia que trataba la belleza como teoría fundamental del arte y a cambio, sublimar, invocar la perfección, la solidez, la dignidad correspondiente al aspecto moral de su persona.

_ Acuérdate de lo que te dije un día. No quiero tu compasión sino tu amor. No quiero que te comportes conmigo, como si tuvieras alguna obligación. Lo único que pido es concederte mi amor y recibir el tuyo a cambio, sin exigírtelo como un deber, sino como un tesoro que quieras compartir…

_ Un día tuve un sueño, ibas a ser mi maestro en todas las artes y así fue. Pero ahora es cuando estoy gozando del mejor sueño, al escuchar tus palabras, al poder abrazarte. Dices que me amarás eternamente…

De pronto, una melancolía indescriptible la invadió. Eternamente… Un amor fuera de la acción del tiempo, sin principio ni final, sólo es aplicable al Ser Divino…

_ Así es, mi amor por ti es inmortal. Tú eres mi Diosa, para siempre lo serás y los Dioses nunca mueren, duran indefinidamente en la memoria y en el corazón de los hombres…

_ Esto significa que Afrodita, desafiando al implacable Cronos, lo ha vencido, al fin… Ya no sería esclava del fugitivo tiempo, el amor concede a sus amantes más tiempo que el que tarda en vaciarse su reloj de arena y aunque dentro de algunos años, este cruel guerrero, este triste, taciturno y Saturnino Dios comience a herirme inexorablemente, marchitando mi piel con visibles arrugas y profundos pliegues, cansando mi cuerpo juvenil con el peso de la madurez y más tarde de la vejez, tú me rejuvenecerás siempre con tu amor, porque el amor es juventud, es generosidad, es alegría, es vida.

Después de que Morgana hablara con esta profundidad humana, él añadió:

_ La belleza exterior, algunas veces, puede ser una fachada que esconda la del interior, ocultando así los misterios de tu alma, la otra mujer que llevas en ti… Por otra parte, yo no me conformo con halagar tu belleza, sino reconocer lo que realmente cuenta, lo que tengo a mi lado, una mujer de tierno corazón, de gran espíritu, sensatez, heroísmo, vivacidad, equilibrio, ingenio, simpatía, gracia, sentimentalismo, alegría, liberalidad… ¿Quieres que continúe?, preguntó con tono irónico.

_ No hace falta que sigas…, contestó Morgana, acercándose a él, más sensual que nunca.  Ahora que he aprendido esta lección, quiero que me enseñes otra, mucho más dulce… Y lo arrastró hacia la amplia cama del dormitorio…

Al atardecer del día siguiente viajaban rumbo a cálidos horizontes. Habían decidido sellar su amor en tierras lejanas y desconocidas, casarse sin más testigos que el sol y el mar. Para ello, habían elegido Las Bermudas, la extensión de sus sueños, el lugar más romántico de la tierra, único, como lo era su amor. ¿Qué mejor sitio para intercambiar una promesa hecha ante Dios y un juramento ante las fuerzas de la naturaleza? Nada podría simbolizar mejor la buena fortuna, que una humilde capilla en la playa, con el océano a sus pies y la luz de la luna, iluminándolo todo…

Hubo un tiempo de turbulencias y confusiones en las que sus estados de ánimos  se caracterizaban por la carencia de pensamientos claros y por un continuo abatimiento y desasosiego. Pero ahora, aquí, se encontraban en perfecta armonía con la naturaleza, la calma había vuelto a sus vidas, como a la atmósfera. El  mar, el aire, estaban en completa quietud y el océano ya no levantaba olas… Estaban compenetrados, identificados en comportamiento y sentimientos…

Las semanas pasaban sin más preocupación que tostarse al sol o bañarse durante el día y amarse durante la noche. Todo, por lo tanto, acontecía con la mayor sencillez.

Una tarde, le hizo partícipe de su futuro proyecto: la intriga de su próxima obra partiría y se basaría en el misterioso triangulo de las  Bermudas. Esta vez no se trataría de una obra teatral sino cinematográfica. Había empezado a tomar notas sobre una novelesca historia entre una investigadora científica que estudiaba los hiperbólicos fenómenos ocultos e ignorados, inherentes a las incomprensibles desapariciones y catástrofes aéreas y marítimas de las últimas décadas y el piloto de aviación que dirigía el avión en el que viajaba…

_ ¿Has pensado ya en la actriz que representará a tu nueva heroína?, preguntó Morgana, intentando disimular su devorante curiosidad…

_ He pensado vagamente en alguien…

_ ¿Crees que yo podría…?

_ Bueno…, seguía él, con su flema habitual, poniendo a prueba su motivación. Conocía la tendencia de Morgana en buscar siempre lo que se le resistía, en ir en contra de las dificultades. Era el factor psicológico que la predisponía para realizar y dar lo mejor de ella misma…

_ Es un papel un poco difícil, sería algo arriesgado…, pero con una buena recomendación, ¿quién sabe?

Se miraron con la fantástica complicidad de los que se aman de verdad, con la conciencia de esta nueva relación de asociación que convive en el mutuo beneficio de una pareja y cogidos de la mano, se levantaron de la fina y blanca alfombra arenosa dónde estaban tendidos y corrieron a bañarse en el mar. Eran los momentos más felices que habían conocido sus vidas…

Él salió del agua y fue a buscar una toalla. Cuando avanzaba de nuevo por la playa, en su dirección, se detuvo bruscamente, impactado ante el prodigioso espectáculo al que asistían sus ojos de afortunado mortal. ¡Era Afrodita brotando de la espuma…! ¡Era su belleza, su gracia, su hermosura! ¡Pero no, no era la resurrección de Afrodita, no podía ser, era Morgana! ¡Simplemente Morgana…! Se acercó y con sus labios ardientes besó su boca, dónde aún quema su último beso… ¿Con qué poder extraordinario, sobrenatural, había conseguido emular, exceder a la Diosa del Amor, procurando no sólo igualarla sino más aún, superarla? ¡Ninguna de las leyes de la naturaleza podría explicar este deslumbramiento, este éxtasis casi religioso! Sólo había una explicación ya que por excelencia sólo existía una resurrección, la de Jesucristo, aunque también existiera un dogma de fe, según el cual todos los hombres volverían a la vida en el día del juicio final… La resurrección de la carne… Afrodita podía descansar en paz, había logrado su propósito, tener dos vidas en una. Había devuelto la vida que un día Morgana creía haber perdido y resucitado en el nuevo ser, que para la posteridad, conseguía restablecer su honor…

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