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  • Categoría: Novela Erótica
  • 1° Edición: 2001
  • Escritora: Florence Nahon
  • Arco Baleno Ediciones
  • Impreso por Llorens S.L
  • I.S.B.N.: 84-931944-0-9
  • Despósito Legal: V-830-2001
  • Idioma: Español
  • Formato: Papel 126 páginas

Encarnada en una seriede chispeantes relatos breves en los cuales abundan destellos de agudeza e ironía sobre las aventuras de una mujer casada que pretende conservar su matrimonio sin renunciar a algunos pequeños placeres de la vida, nuestra heroína formula abiertamente los ideales de una época y sociedad concreta.

El sexo y el amor son el hilo conductor de nuestras vidas. Como podreís apreciar en esta obra, también son el contexto de estas anécdotas de carácter bufo y satírico, verdadera epopeya de la Edad Moderna…

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la cubierta y contracubierta, puede ser reproducida o utilizada en manera alguna, por ningún medio sin previo consentimiento por escrito de la autora.

CAPITULO PRIMERO

UNA SITUACIÓN COMPROMETEDORA

Personajes: Yo. Mex, mi amiga mejicana. Fulano, el marido. Zutano, el amante. Mengano, el amante de mi amiga.

Voy a contarles, en esta selección de fragmentos, quién sabe si vividos o meramente inventados, las anécdotas y  aventuras de una mujer casada o mejor aún, las estrategias a las que, a veces,  es necesario  llegar para salvar un matrimonio… sin renunciar a “algunos pequeños placeres de la vida”…

Salíamos, mi amiga mejicana y yo, en busca de nuestros dos “novietes” qde la vida”…ue nos habíamos ligado la noche anterior… Como piadosa mentira se nos había ocurrido el típico “Baby Show”, con regalito incluido… Era la mejor manera de esquivar los “golpes bajos” de un marido zorro, que se las estaba oliendo…

Habíamos convenido los cuatro en encontrarnos aquella tarde en la cafetería del hotel dónde se hospedaban.

Estábamos allí reunidos, felices y contentos. Todo resultaba como lo planeamos, habíamos tenido éxito o eso es lo que creíamos…

De repente, Mex, abriendo excesivamente los ojos para llamar mi atención hacia el inminente peligro que nos estaba acechando a lo lejos y como para atenuar el susto que desgraciadamente ya se nos venía encima, dijo sutilmente:

_ ¡Cuidado con tu cónyuge!

_ ¿Con mi qué, mi conyugación?

Como su mirada seguía señalando un punto fijo, miré. ¿Y qué es lo que vi?

Al horizonte, solo y sin caballo, apareció una silueta que yo conocía de sobra… No sufría de manía persecutoria, lo que estaba viendo era mi marido…  ¡Venía lanzadísimo, parecía que fuera a arremeter contra nosotros!

Se acercaba peligrosamente a la mesa dónde estábamos sentados, es más, se disponía a sentarse a nuestro lado…

Siempre había presumido de buena vista, nos había localizado antes que nosotras a él… Tenía que reconocer que esta vez, llevaba la razón. ¡Su vista era bien aguda!. Como la de un lince… Además de ser astuto como nadie, jugaba a hacerse el zorro, aparentando ignorarnos y siguiendo caminando hacia nosotros con distracción perfectamente disimulada. Como buen mamífero depredador que era, venía dispuesto a marcar su territorio…

No había pensado en el factor imprevisible, imponderable, que podía intervenir en un suceso y cuyas consecuencias nunca se podían calcular de antemano. Y aunque las leyes de la moral y de la recta conciencia no estuvieran escritas para mí, me juré que en lo venidero, solo burlaría su confianza actuando a mansalva, sobre seguro. ¡No fuera a ser que algún día, volviera a casa con una mancha negra en torno a los ojos, como un mapache!

¡Que luego digan que las coincidencias no existen! Él también había quedado con un amigo, la misma tarde, en el mismo lugar… ¡Ahora entendía lo que significaban las palabras “adversidad del destino” y pensar que hay quién dice que todo sucede por mediación de la Divina Providencia!

Mi primer reflejo, mi impulso incontrolado fue salir pitando, huir. ¿Pero hacia dónde?

Como si me hubiesen puesto un cohete en el culo, desaparecí para esconderme en los servicios de la cafetería, dejando a mi amiga mejicana en compañía de nuestros apuestos galanes…

Los minutos se hicieron interminables, buscaba la salida de emergencia, quería escapar, tomar las de Villadiego como fuese…

¡Esta vez sí que me encontraba en un aprieto, quería  pensar que no nos había visto!

¿Por qué sería que sólo enlas películas de suspense lograban escabullirse por la ventana o el tragaluz del baño? ¿Dónde estaba la varita mágica que en las narraciones infantiles, solían llevar las hadas para realizar el prodigio de volverse invisibles?

No sabía qué hacer, no podía quedarme allí eternamente… Quizás lo mejor sería dar la cara…

Cuando por fin mi amiga vino a buscarme, dijo casi sin aliento: “¡Tía, sal de allí ahora mismo o si no, nos cachan!”

¡Nos había pillado in fraganti, y nosotras que nos creíamos entre todas las más listas! ¡En vez de un acierto, aquello era todo un planchazo!

Algo se nos tenía que ocurrir para salir de esta…

Teníamos que hacerlo parecer un asunto de trabajo de último momento…

Intenté disimular, ocultar profundamente el sentimiento de terror mezclado con vergüenza que asaltaba mi dignidad en aquel momento, o la poca dignidad que todavía me quedaba, y salí…

Le saludé como si nada. Bueno, no tan como si nada… Era como si algo se hubiera atrancado en mi garganta… Suele emplearse la expresión “pálido de miedo” para designar la perdida del color natural de uno ante un riesgo que realmente le amenaza, este no era mi caso, estaba roja como un tomate maduro, la adrenalina me traicionaba…

Pero como un tomate maduro es el que está en su punto, utilizando mi sazón, mi tiempo oportuno, dije:

_ ¡Hola! ¿Y tú qué haces por aquí? ¿No andarás siguiéndonos, supongo?

_ ¡Hola, qué pequeño es el mundo! Fue lo único que contestó.

_ ¡Y que lo digas!, pensé dentro de mí. ¡Parece increíble que con lo grande que es el universo, tengamos que coincidir, justamente hoy, en este preciso espacio!

Tenía que inventar algo convincente para él, salir de esta como fuese… ¡Esto no podía terminar así, que fracaso para una primera cita!

De repente vi que mi amiga, dirigiéndose a Zutano, le murmuraba algo entre dientes:

_ ¿Tienes algún impreso de propaganda en tu habitación, una publicación de cualquier tipo?

El tonto contestó:

_ No, ¿Por qué?

_ ¡No hagas preguntas, no es el momento! Corre a la recepción del hotel y mira si no han dejado algún folleto publicitario en el mostrador, siempre los hay. ¡Más te vale que no vuelvas con las manos vacías! ¡Busca algo por el estilo y vuelve pronto!

Como buen chico, impulsado por su insistencia, a los pocos minutos regresó con la misiva. ¡No entendía qué mosca nos había picado a las dos!

De repente, lo solté:

_ ¡Os presento a mi marido!

Y vinieron las presentaciones. ¡No olvidemos que nosotras somos chicas de protocolo!

_ Os presento a Fulano, Zutano y Mengano…

¡Ya no estaban tan apuestos, sino más bien, descompuestos!

De repente sentí un fuerte olor a mierda… ¡Pero no era yo!…

¡Zutano era el responsable! La noche anterior, para pararle los pies en el caso de que llegara a  ponerse demasiado pesado, (anteriormente ya había experimentado la manera tan posesiva y extrema en la que un chico joven podía enamorarse de una mujer como yo), le había comentado que Fulano, mi marido, era un mafioso peligroso y si me encontraba en situación comprometedora con alguien, le pegaba dos tiros…

Ya había recuperado mi seguridad habitual y con aquella desfachatez que algunas veces me caracterizaba, dije:

_ Habíamos olvidado que Mex tenía que recoger aquí, para mandar a su madre, información sobre un “Time Share” o apartamento de tiempo compartido.

Temiendo que pudiese cometer alguna tremenda metedura de pata, Mex me cortó rápidamente la palabra dispuesta a prestarme auxilio con su falso testimonio y corroborando el argumento con más fuerza dijo:

_ Sí, quiere invertir unos dólares en la costa, para poder venir a visitarme más a menudo… Aunque es buenisísima onda, ya sabes como son las madres, no quieren molestar o siempre piensan que estorban!

¡Era el momento oportuno para esfumarse! No queríamos ser carne de cañón, inconsideradamente expuestas a peligro de muerte…

_ ¡Bueno caballeros, se nos hace tarde y nos están esperando  para un “Baby Show”, una pequeña reunión entre amigas, algo muy “British”, que aquí no se estila tanto y en la que cada una de nosotras entrega un pequeño regalo para la canastilla de la futura mamá y del niño que está esperando! ¡Además, aquí hay muchos mosquitos, nos están devorando!

Pensé que la única mosquita muerta, la persona que bajo apariencia inofensiva y amable, incurría siempre en las peores intenciones, ésta sin duda alguna, era yo. Pero no era el momento idóneo para profundizar sobre el tema y rápidamente, mis pensamientos se encaminaron hacia otra realidad. Salir de ésta era una necesidad extrema….

Fulano, haciéndose el loco, agarró el ejemplar propagandístico que intencionalmente habíamos dejado sobre la mesa. Parecía convencido de la veracidad de los hechos y sin darle más importancia a la cosa, se despidió de nosotras con un beso. Para vosotros, quizá fuera como el beso de Judas, pero para mí, en aquél instante, era una muestra de cariño sincero… Intercambió un fuerte apretón de manos con Zutano y Mengano, como para demostrar su virilidad y finalmente, dijo:

_ Me voy, o llegaré tarde a mi próxima cita.

Giré ligeramente mi cuerpo hacia Zutano y le lancé un furtivo guiño cómplice. Nos despedimos de nuestros “novietes” como si los acabábamos de conocer, con un simple saludo:

_ ¡Hasta luego, adiós!

Aquí, en el Sur de España, esta frase se usa mucho para expresar el término, el fin de una conversación, es un saludo cortés cuando dos o varias personas se despiden, aunque jamás se vuelvan a encontrar. También era nuestra manera de ocultar que nos veríamos más tarde, por la noche, en el mismo lugar donde nos habíamos conocido…

Mientras nos alejábamos hacia el aparcamiento, mi amiga me dijo:

_ ¡Me debes una!

¡Otra aventura que acababa bien, aunque por los pelos!

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